Data Driven. Del cambio a la evolución.

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Data driven

La inestabilidad y la incertidumbre han sido la constante del contexto corporativo y financiero en estos últimos años, tanto a nivel mundial como especialmente en nuestro país.

 Los desafíos de competitividad, los contextos políticos y sociales (VUCA, BANI, WOKE, etc.), las nuevas exigencias del consumidor y de las regulaciones, los requerimientos ambientales y de sustentabilidad, las limitaciones y exigencias laborales de las nuevas generaciones (millennials, centennials, Z, alpha, etc.) y las posibles disrupciones en la industria son un conjunto de variables relevantes para la estabilidad y la continuidad de nuestras empresas.

 Enfrentar estos desafíos ha requerido, más que nunca, de una doble capacidad en el liderazgo corporativo: poder blindar y avanzar en el core del día a día de las empresas y, al mismo tiempo, tener un foco igual de relevante en su futuro y proyección.

 Es en este contexto en el que las decisiones, por pequeñas que parezcan, adquieren un peso estratégico cada vez más importante.

 En tiempos en que los presupuestos y las hojas de ruta son cada vez más dinámicos y cada cambio de timón o dirección puede tener resultados inesperados e imprevistos, el tomar decisiones sin evidencia, o bien sin un análisis acabado de los contextos, es un lujo ni recomendable ni viable.

 Los instintos comerciales o habilidades de negocios, que antes eran características únicas  de algunos líderes y que auspiciaron una gestión exitosa, hoy se han transformado en metodologías y sistemas que pueden ser manejados, medidos y, siendo bien administrados, casi completamente controlados. El uso de datos y sus distintas variables de utilización, data driven, nos dan la posibilidad de dirigir las empresas desde certezas más que corazonadas.

 La incorporación de las herramientas digitales han dado un nuevo valor a los datos desde su obtención, su coordinación, la calidad de estos y su seguridad. El espiral de implementación da nuevos horizontes de resultados que fundamentan y dan fuerza a los procesos de mejora y generan capacidades adaptativas en las empresas. Pero de poco sirven los datos si no están incorporados en un sistema de medición que los transforme en información, en data accionable que fundamente y dé forma a las decisiones. Se necesitan indicadores que sean parte de un diagnóstico sistémico que entregue insights que iluminen el avance y la ruta de las organizaciones. Ser data driven es más que coleccionar datos: es medir, es complementar y conjugar resultados, y desde la información obtenida apuntar a refinar la gestión para ser capaces de sobrevivir y avanzar.

 “Lo que no se define no se puede medir. Lo que no se mide, no se puede mejorar. Lo que no se mejora, se degrada siempre.” dicta la frase de Lord Kelvin.

 Nuevos contextos requieren forzosamente de nuevas capacidades, estrategias y liderazgos. Y estos requerimientos para poder ser útiles necesitan ser parte del cambio como una constante cada vez más rápida y exigente. Pero este cambio necesariamente debe agregar valor específico y constituir así una mejora para las organizaciones. Cambio sin mejora, sin objetivo, puede ser un problema mayúsculo en nuestra realidad corporativa. Entornos demandantes y líquidos como los que estamos viviendo, donde las certezas y los resultados asegurados son cada vez más esquivos, hacen que conceptos como la “evolución corporativa” adquieran fuerza y sentido. Ya no basta con el cambio ni con la mejora como efecto esporádico. La evolución, la capacidad de adaptación y de avance en búsqueda de una identidad propia en estos escenarios de cambio constante se presenta como la respuesta más eficiente, viable y sostenible en el tiempo.

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